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Bienvenido al Blog de un tío un tanto idiota. Aquí encontrarás relatos y digresiones, pero nunca nada ni remotamente últil. También hago cómic.
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20140601

El Tarro del Miedo [Relato]

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James Rubber-Smtih se alejó unos pasos de la mesa de laboratorio  en la que había consumido los tres últimos años. Se sintió un poco bastante Víctor Von Frankenstein durante un lapso indeterminado de tiempo.
Sobre la mesa, una botellita, así, como con mucha seguridad. Que si barras de acero, blindaje, válvulas y cosas de ese tipo. Dentro de todas esas cosas, la botellita. De cristal, y aparentemente vacía. Pero, claro, eso: Aparentemente. En su interior, se almacenaba MIEDO PURO.
A James Rubber-Smith había tenido la idea leyendo el libro este de Patrick Süskind. "El Perfume". Auténtico miedo en un frasco. 

Una famosa productora de cine había financiado su proyecto. Tenían planeado liberar la válvula que dejaba salir al miedo en los grandes estrenos de películas de terror. Mantenerlo en secreto, dejar que las personas y los críticos de cine de la sala respirasen en miedo y todas las películas lo petasen muchísimo. Petarlo muchísimo en lo referente a dar miedo. 

James Rubber-Smith abrió un poco la espita del tarro. Se veía claramente que estaba vacía. Que no había nada dentro. El miedo sonaba muy poquito al salir. Así Psssss. Sólo lo oías si te callabas mucho. James Rubber-Smith se asustó muchísimo. La tuvo que cerrar muy rápido, sintiéndose como un animalito vulnerable. Un rato después de haberla cerrado, recuperó su humanidad, salió de debajo de la mesa, se secó las lágrimas y se puso a pensar.
"Leches, qué raro" No era raro, era lo que tenía que pasar. Pero no esperaba que le pasase a él. Él sabía cómo funcionaba el tarro y tal y cual y todo eso.  "Será placebo".  O algo.  Cuando ya dejó de importarle lo humillado y vejado que se había sentido, volvió a ser un científico del todo y pesó la botella, para averigüar la cantidad de miedo perdido. "Quizás la salida de miedo es demasiado amplia, y ha salido como muchísimo miedo, y por eso me he cagado entero." Pero no. No se había perdido nada. O tan poquito, que su báscula digital hiperprecisa de laboratorio de pelicula no era capaz de diferenciarlo.  Así que, QUIZÁS, el frasco del miedo, tenía MIEDO INFINITO en su interior. O miedo virtualmente infinito.


Semanas después, estrenaban una película de terror sobre un violador de cerebros, muy retorcida, muy conceptual, que, en algún visionado previo no había conseguido los resultados de MIEDO que se esperaba de ella.  Muy Posmoderna. La peli estaba muy bien, a ver, pero, el miedo era ... bueno, digamos que... había que entender la peli, para sentir el miedo. Y no todo el mundo era capaz de entenderla. Había que ser muy listo. Muchísimo.  Vamos, que, como os podéis imaginar, era la peli PERFECTA, para hacer la primera prueba del Tarro del miedo. Haciendo a caso a James Rubber-Smith, que estaba en las oficinas del cine donde se proyectaba, junto a los productores,  habían adaptado el tarro para que pudiese abrirse con un sistema electrónico a distancia, en los momentos de miedo de la película.  

Antes de empezar la película, James Rubber-Smith se fijó en que la sala de proyecciones estaba justo al lado de las oficinas. Y que se comunicaban mediante los conductos de aire acondicionado. Recordó el día que abrió la válvula, en su laboratorio y, poniendo como excusa  una repentina cagalera (en realidad dijo indisposición, pero todos los productores pensaron que era cagalera, por el lenguaje verbal tan depurado que James Rubber-Smith utilizó), volvió al hotel. Cerró bien las puertas y ventanas, y puso toallas en las junturas para que no entrase miedo (el hotel no estaba demasiado lejos de los cines).  Una vez asegurado, llamó a los productores por skype. 

Y comenzó el experimento. 

Nadie. NI UNA PUTA PERSONA en el cine tuvo la mínima pizca de miedo. No eran gente inteligente, eso lo primero.  Porque si fuesen inteligentes hubiesen entendido la película y tenido miedo y tal. Pero, bueno, eso es otra historia y ya se contó en su día. El caso, es que, pese a todo, el frasco del miedo no fue un fracaso. En la oficina, todos los burócratas y productores estaban TIRADOS POR EL SUELO de miedo puro. A los tres minutos de abrir la cápsula tuvieron que activar el cierre de emergencia, para cerrarla, del PUTO MIEDO PURO que estaban pasando. Pero, eso no era todo. En el Hotel, James Rubber Smith sangraba de las manos. En cuanto comenzó a sentir miedo cerró el Skype. El miedo continuaba, así que apagó el ordenador. Lo tiró al váter. Y como aún así no funcionaba, excavó con las uñas en las paredes, hasta encontrar el cable del internet y arrancarlo.

 Un auténtico éxito. Simplemente, que no habían previsto que, para que el tarro funcionase, había que saber de la existencia del mismo. Un problema menor.


Además, el tarro del miedo seguía pesando igual.

Para la próxima prueba, se hizo una campaña de publicidad impresionante. Se presentó a James Rubber-Smith en sociedad; él y  su frasco, claro. Se dijo que se iba a utilizar en la próxima película de terror de la productora. Mucha gente no lo creía, pero, varios productores de los que lloraron como nenas durante el estreno de la peli del violador de cerebros tampoco se lo creían.  

Llegó el día. James Rubber-Smith y los productores estaban en un avión. Querían estar lo más lejos posible del tarro en el momento que se abriese. La campaña de publicidad incluía una webcam que apuntaba directamente al público que iba a ver la película. Así la gente en sus casas podía ver el miedo ATROZ que la gente estaba pasando. Había tenido muchísimo eco en los medios, así que casi todo el mundo que tenía internet  sabía casi todo de este tema. Para evitar peligro, el cierre  y la apertura del frasco, estaba totalmente robotizado. Se iba a abrir intermitentemente durante periodos de décimas de segundo en los momentos de susto de la película.   

Pero, ese día, descubrieron otra cosa nueva sobre el frasco del miedo. Cada vez que se abría, TODO EL MUNDO que supiese que se abría, se moría de miedo. Durante la duración de la película, casi el 50% por ciento de la población de la tierra, sentía un miedo terrible. Y era un número creciente. Simplemente con que alguien oyese de refilón lo que estaba ocurriendo, comenzaba a morirse de miedo también. Afortunadamente, la película estaba a punto de acabar. No quedaba nadie en la sala, excepto un pobre chico en silla de ruedas, que había sido abandonado allí por su familia en pleno ataque de pánico. Era una sala de estas en escalera, por lo que se había tirado de la silla y estaba arrastrándose hacia la salida. De pronto, los violines de la banda sonora hicieron el "Pachín" típico de los momentos de susto y el frasco del miedo volvió a abrirse otro poco. El chico de la silla de ruedas (Se llamaba Jaime Wilson) sacó fuerzas de su miedo, y corrió con sus brazos hasta donde estaba la cápsula (debajo de la pantalla, bien a la vista) y la arrancó de donde estaba. Con tan mala suerte, que al arrancarla, el sistema de cierre siguió anclado a la pared, y el frasco del miedo se quedó totalmente abierto. No había manera de cerrarlo ya.

20090224

Capitulo 35.Miedo

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Miedo. Está por todas partes. Mi padre dice que lo han traído los que vienen de fuera. Yo no creo que sea así. Es algo que está arraigado... El otro día, un hombre me ofreció un poco. Dicen que un poco de miedo ayuda a convencer, pero que demasiado es peligroso. No lo sé. Tengo miedo. Y no sé de qué.

20090207

Capítulo32: Cariño...

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-Pues la Mari ha venido hoy con un morado en el ojo.
Bajo unos centímetros el periódico. Los suficientes para lanzarla mi mirada de "No empecemos". Maldita sea. Ha vuelto sus ojos al punto. Al punto de cruz, me refiero. El reloj de Pared suena.El tictac.Hay mucho silencio. La tele se ha estropeado esta mañana.
-Esta mañana la tele ha dicho que un 50% de mujeres sufren malos tratos.
Repito mi maniobra anterior. Algo más deprisa, con intención de pillarla. Claro, que con el aumento de velocidad, la maniobra pierde elegancia. Nada. Sus ojos en el punto de cruz. O Ganchillo, no estoy seguro. Eso que se hace con lana y las agujas largas largas. Odio que me ponga en estas situaciones. La retorcería el pescuezo.
-¿Y qué?... ¿Tú.... Tú no haces nada?- El tictac se para. Hostia, no era el reloj, eran sus agujas. Aparto el periódico. Está quieta, mirándome. Venga, va. Ahora o nunca. Casi hasta lo hago porque quiero... Llego frente a ella. Bien plantado. De pie. Grande fuerte. Y la doy una colleja. No demasiado fuerte, pero sonora.
-¿Ya?-me dice-¿Una colleja y ya? ¿Pero tú quien te has creído que soy?
-Cariño...
-Ni Cariño ni hostias. Yo No Voy A Ser Menos Que La Mari.
-Cariño... Que estas cosas no me salen.
Me mira. Con la Mirada retorcida esta que pone ella. Doy varios pasos hacia atrás. Me sigue...JODER
-Cariño...
-No Es tan Difícil. Un Morado. Bueno, Dos. En un ojo.- Sigo retrocediendo y ella avanzando. Joder, parezco Napoleón en Waterloo. Bueno, en Waterloo igual no, pero en algún sitio de estos. Joder. Todo el pasillo. Tropiezo con la mesita del teléfono. Me caigo al suelo. Grita algo. Da igual. Voy a por una cerveza. No la oigo. Bueno, la oigo, pero no la escucho. Estoy bebiendo.
- JODER.
Es la única palabra que interpreto. Como entre en la cocina y me vuelva a decir que la tengo que maltratar un poco más la mato. De verdad.


Bueno, la verdad es que no.
Porque luego, cuando se enteren los del Bar me llamarán calzonazos. Y no.

20090102

Capítulo26:Emplasto

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Podría escribir los versos más patéticos esta noche, pero prefiero que la cosa se quede en subjuntivo, y me voy a la cama, a ver si hay suerte y sus besos se parecen a los tuyos.

O me sirven para hacerme una idea de como serán, no sé.

Porque creo, que ni siquiera se quien eres...





...de todas.

20081121

Capítulo19: Ya es tarde.

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Me Voy. Sí. Ya es tarde ¿Te llevo? Sí, ya es tarde. ¿Dónde? Aquella Rotonda. Adiós ...miedo. ¿Sí?¿No? no sé. Sí.
Sí. Aparca, Ahí hay sitio. Ya es Tarde. Me tengo que ir.
Asientos, volante, labios, techo, codo, rodillas ,fémur, puertas, atrás, ventanillas, miradas, cremallera.
silencio.

Ya es Tarde. Me tengo que ir.


Mirada.Adiós.

20080920

Capítulo12:¿el Maravilloso mundo de las Situaciones Violentas?

2 respuestas


Si sólo tenemos en cuenta lo que es la etimología, una situación violenta podría ser perfectamente un accidente de avión, o un puñetazo grande duro y gordo partiendo nuestra cara. Pero lo realmente interesante es cuando en la situación violenta , la violencia se da sólo en potencia.

El ejemplo clásico de situación violenta es, recurriendo al odioso fútbol, cuando un aficionado del equipo de Madrid entra en un Bar plagado de gente vestida de Rojo y azul; esa es la más básica, y la menos bonita de todas (puede que sea por el fútbol, pero hay infinidad de ellas. Estar totalmente enamorado de tu sastre cuando este te está poniendo los alfileres en tu ropa interior. Que se equivoque con respecto al lado en el que cargas ya no sería una situación violenta, si no dolorosa.

Las situaciones violentas, en lo que a la ficción respecta son de los momentos más disfrutables de una historia. Y no sólo por lo divertido que es ver sufrir a los personajes, si no por la incertidumbre que existe en ellas. Puede pasar casi de todo. Cualquier cosa que ocurra en ese momento nos sorprenderá, o mejor dicho, nada nos pillará de sorpresa porque estamos esperando que ocurra lo más extravagante. Aunque, claro, al final, la situación se resuelve sin nada. Simplemente se acaba, cambian de escena o de capítulo.

Pero, las situaciones violentas, en la realidad, son algo totalmente distinto. Son exactamente iguales. Simplemente cambia el punto de vista y hace que lo mismo sea lo opuesto. Todas las partes de tu cuerpo de las que tienes constancia de que existen se ven embargadas de una pequeña energía oscura, que puede ser tembleque, pero no lo es. Miras a tu alrededor. Giras hacia los lados. Quieres que acabe, pero no puedes hacer nada, ya que la violencia, que está contenida por la presa de la potencia, podría desbordarse, y eso da miedo. Pero tampoco te apetece seguir así e intentas darle muchas vueltas al "¿Qué hago?" intentando que ese pensamiento ocupe las suficientes regiones de tu cerebro como para que olvides el berenjenal en el que te hayas inmerso. Y al rato te das cuenta de que deseas con todos los trozos sobrantes de tu cerebro que "lo otro" (o la otra), es decir, el otro factor de la ecuación violenta, haga algo que la finalice de una vez, aunque escapen pequeñas ráfagas de lluvia de la presa potencia. Pero no. Los dos factores se quedan sin resolver.

X=X e Y=Y.

Así durante interminables segundos en los que, si tienes algo de sentido del humor, y por evitar males mayores, piensas en que la situación que estás viviendo, vista desde fuera, puede ser la hostia graciosa. Puñetero dios, que bien se lo pasa a mi costa.

Afortunadamente, el ser humano es un animal, con necesidades escatológicas, y de alimentación, y el débil equilibrio de la situación violenta, se sostiene y se rompe, desapareciendo toda la violencia de la presa (o acumulándose para futuros momentos similares, que es lo más habitual), y cada uno de los ríos sigue su curso. Justo lo que, en una peli, acaba pasando. Y lo que esperas que pase cuando lo ves. Pero no cuando lo vives...

Bueno, Menuda tontería más grande.

Tontería como eufemismo de Mierda

20080623

Capítulo9: Basado en una historia Real

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Los veranos, cuando toca quedarse en casa, pueden resultar muy aburridos. Y más cuando los seres humanos del género opuesto no acompañan. Previendo eso, y a la luz de las farolas, entre un amigo y yo decidimos desmpolvar nuestras viejas consolas Game Boy (en su caso no tan vieja, pero no viene al caso) y los juegos de Pokémon.
Sí, ya, pensad lo que queráis, pero nos resulta bastante divertido el echar un duelo pokémon a la luz de las Farolas. Entra en juego tu pericia como entrenador, la suerte y encima es casi gratis (si tienes pilas recargables o eres hábil robándoselas a otros electrodomésticos)

Pues bien. Sumidos en un interesantísimo Coliseo Pokémon, a la luz de las farolas, una noche, hace unos días comenzamos a oír gritos. Antes toda la calle estaba totalmente silenciosa. No comprendíamos bien lo que decían los gritos, pero no auguraban nada bueno. A lo lejos, comenzaron a oírse explosiones.
El miedo se hizo un huequecito dentro nuestro, pero la curiosidad era más grande. La plaza en la que estábamos no tenía carretera por ninguno de sus cuatro costados, pero cerca, se oían motores de coche, a toda velocidad, y haciendo sonar el claxon.

Algo está ocurriendo. Algo importante. O terrible.

Un Apocalipsis nuclear, un encuentro en tercera fase, una hecatombe Zombi, o incluso un monstruo gigante como los que suelen atacar Tokyo.

Teníamos que saber que ocurría. La intriga nos mataba. Bueno, a mí de hecho me mató. Y me ganó el coliseo. Pero no importaba. Guardamos el Cable y las Gueimbois, corrimos fuera de la plaza, a ver que ocurría.

Las explosiones seguían a lo lejos, la gente corría gritando ( no conseguimos entender lo que decían). Y además, la gente parecía correr en una misma dirección.
Conseguimos meternos entre la turba, a la luz de las farolas, pero ya nada solitaria, y gritamos con ellos, para camuflarnos.

Toda la gente iba directa a un lugar. La plaza de España. O como se la conoce realmente, la fuente de los delfines. Cuando llegamos, pensamos que lo que ocurría a lo mejor era un atentado terrorista de los gordos. El ver banderas (en gente que habitualmente odia los símbolos, porque les considera fascistas, y que luego lleva chapas con Aes dentro de círculos junto a Hoces y martillos) nos recordó a ese patriotismo americano de los momentos duros. Pero es que era la leche.

Pero de pronto, comenzamos a darnos cuenta. La gente no tenía el miedo que nosotros pensábamos que tenía. De hecho era Euforia. De pronto, alguien que, supuestamente debíamos conocer nos gritó ¡Viva España! y luego nos preguntó que si habíamos visto el partido.

Ni hecatombe Zombi, ni monstruo gigante, ni ataque alienígena alguno nos habría hecho correr tanto como el miedo que sentimos hacia esa frenética horda al preguntar ¿ Quien jugaba?

Espero que nadie se me enfade. Y si alguien lo hace, pues que se joda.
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