20111019

Impresiones desordenadas sobre lo que viene siendo ser erasmus en Irlanda en estos días que corren y cuatro o cinco tontadas más.



Hola. Antes de nada tengo que avisaros que estoy de Erasmus en Irlanda. Eso es importante de Saberse. Porque si se tiene eso en cuenta, la mayor parte de la información vertida en esta entrada sería algo así como que muy poco carente de sentido. La otra cosa importante que creo que hay que tener en cuenta es que por fin tengo portátil. No es un mac, pero es blanco, por lo tanto creo que es un modelo óptimo para poder escribir en cafeterías. Y así estoy ahora. En la cafetería de la UCC (university College of Cork) comiéndome unas intrigantes y ricas patatas fritas y llenando el teclado de aceite. Luego sigo.
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Ahora, en la sala de ordenadores, pero en mi portátil, con mucho menos encanto, pero con las manos mucho más limpias, puedo seguir esto. Veamos. Vayamos con las impresiones desordenadas:
Irlanda es caro. Irlanda es diferente. Irlanda es bonito. Cork es bastante pintoresco. Mi terraza mola mucho. Esta universidad es el lugar más parecido a Hogwarts en el que voy a estudiar en toda mi vida. Que la picaresca sea un rasgo idiosincrático español es divertido y te ayuda a sentirte bien haciendo ciertas cosas que te harían sentir un puñetero vagabundo. He descubierto que me encanta cocinar y que para ser la primera vez en mi vida que lo hago, no lo hago nada, nada nada mal. Y ahora mismo he descubierto que para tener un blog y pretnder actualizarle con cierta periodicidad, necesitas tener bien claro de lo que quieres hablar. Lo cual es uno de mis principales problemas, ya que cuando me siento a escribir se me ocurren tantas cosas posibles que nunca me centro y ele, a llenar más páginas hablando del hecho de escribir en un blog. Y no es plan. Así que cambio radical de tema. Cuando te vas a ir de Erasmus, lo primero que echas de menos es justo lo que estás esperando echar de menos. Pero, el problema real aparece cuando por cualquier estúpida razón (incluido un tono de llamada de móvil particular) y descubres que echas de menos a otras cosas (o personas, porque, estoy hablando de personas) que no esperabas echar de menos. Entonces agarra el cuerpo y el alma y el cerebro y se te encoge un poco y se te arrehumedecen los ojos y ahí con la lágrima en el filo del ojo, pero vamos, no pasa nada, porque cuando estás a punto de llegar a casa hay una Irlandesa inconsciente en el río (o ría, o canal) y tienes que ponerte a salvarla o llamar a la policía, o sujetar a la gorda de su hermana en pleno ataque de ansiedad. Y más de 80 kilogramos de ataque de ansiedad con un fuerte acento irlandés es algo que hace que se te olvide un poco lo que viene siendo la morriña. Y luego subes a una habitación que ahora ya algo menos, pero que parece más la de un hotel que la tuya propia porque el "casero" ha prohibido que se peguen cosas en la pared. Que se le da muy bien prohibir eso, pero no conseguir una lavadora que no te ataque cuando le pides amablemente que te limpie la ropa. Y luego, a la mañana siguiente sales a la calle y tienes que evitar que un coche que circula al revés de lo que te han enseñado atropelle a tu nueva amiga francesa y os ponéis a comentar que hace mucho que no ves nada gótico y que necesitas ver algo gótico, que aquí todo es muy neogótico muy neoclásico o muy neo-loquesea y que quieres ver algo que sea gótico, viejo, viejo de verdad. Y entonces te das cuenta de que tú no estás hecho para vivir en los estados unidos. O yo que sé.

4 comentarios:

Leo Finch dijo...

Genial. Quiero más, obviamente. Además me he visto muy reflejado en lo de la picaresca española y lo de sujetar gordas histéricas. O al menos en una de esas cosas.

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Esto sí es recomenzar, aunque te hayas ido lejos para hacerlo.

Mario Larrá dijo...

Este blog está siempre recomenzando.

Masles Roy dijo...

tu antídoto contra la morriña debería aparecer en Wikipedia, en la entrada sobre la nostalgia

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